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Viajar y escribir (I): Un souvenir, una historia

09 Oct

MáximusLa semana pasada empezamos nuestro nuevo Taller de Escritura Creativa “Viajar y Escribir”, con el que este curso queremos acercarnos al mundo de los viajes y la escritura.

Durante estos próximos nueve meses pasarán por nuestra clase escritores y aventureros que un día hicieron las maletas y se fueron a perseguir su GRAN VIAJE, ese que en muchas ocasiones marcaría su vida y su personalidad.

Pero para que haya viaje, tiene siempre que haber “una vuelta”, un regreso al punto de partida de todo… Tiene que existir la posibilidad de poder traerte un pedacito de historia en forma de souvenir o de recuerdo, con el que preservar ese momento único en tu memoria o plasmarlo en un papel en blanco para compartirlo con los demás…

Por eso, que mejor manera de empezar el curso que trayendo alguno de esos souvenirs, figuritas o fotografías que inundan las estanterías o las paredes de nuestras casas, y contar su historia, los personajes que se cruzaron en nuestro camino, el momento especial que vivimos…. y sobre todo, porque decidimos darles un sitio especial en nuestra vida y en nuestro corazón.

¡El reto ha comenzado! Este año queremos crear un blog con algunos de los relatos que vayan saliendo en clase para que podaís hacer este viaje tan especial con nosotros. Y muchas más sorpresas que irán llegando 😉

Y para finalizar, aunque siempre digo que no me considero escritora sino editora, no he podido resistirme a contar mi historia, la de un viaje sin grandes expectativas a la capital italiana, Roma, donde conocí a una aventurera muy especial, cuyo nombre era WOLF y que me regaló esta talla en madera de su perro Máximus (¡igual que el gran gladiador romano!)

Ahora la pequeña escultura perruna está en la estanteria de mi estudio, guardando mis libros y recordándome que ahí fuera hay gente maravillosa, con historias y viajes que merecen ser escritos para recordarnos que la vida siempre merece la pena vivirla y viajarla…

“Máximus” por Tesa Zalez

Enfrente del Coliseo, en una tarde de otoño, la encontré.

Se llamaba Wolf pero su mirada dulce y serena no tenía nada que ver con su lobezno nombre. A su lado había un perro, un gran perro con cabeza de emperador y cuerpo de gladiador.

Maximus– me sonrió mientras le acariciaba. Se llama Máximus.

La mirada penetrante y cautivadora de su fiel amigo no desmerecían su porte imperial y majestuoso.

– Me defiende de los borrachos cuando cae la noche y la oscuridad inunda las calles de Roma- continuó hablando mientras me invitaba a sentarme a su lado.

– Aquí, en la calle,  él es mi protector¿sabes?… Los polacos son los peores ¡No saben beber! Yo soy de Serbia pero intento esconderlo para no tener problemas con ellos…

Me senté a su lado mientras mi mano acariciaba a su guardián silencioso. De repente, empezó a contarme su gran reto: su viaje a pie por toda Europa durante 3 años, con la única compañía de su perro y una mochila.

– A veces en las fronteras tengo que mentir sobre sus orígenes – me confiesa. “Es un pastor imperial, les contesto a los policías, inventándome una raza que nunca ha existido, ya que su mestizaje de pastor con rottweiler me cerraría muchas puertas.”

La observo más de cerca. Su figura aniñada me hace dudar sobre si considerarla una vagabunda o una aventurera. Me propone sentarnos en una terraza cercana y tomar algo. Me cuenta más cosas de su vida en la calle, de su viaje, de su odisea…

Pasa el tiempo. Tengo que volver al hotel porque me están esperando. No me deja pagar. Insiste en hacerlo ella. Miro a Maximus y le pido entre miradas y caricias que la cuide y que la defienda de sus enemigos. Escondo un billete de 20 euros en su bolso mientras le digo que es para que compre comida para el perro. Nos despedimos y sin saber por qué, me alejó con lagrimas entre los ojos.

A la mañana siguiente, el taxi nos espera en la entrada. Camino del aeropuerto, el coche bordea de nuevo la Via de San Gregorio para toparnos de frente con el gran anfiteatro romano. Desde la ventanilla del automóvil busco con la mirada a Wolf, pero ella ya no está… En ese momento decido que mi próximo perro será un pastor imperial.

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6 Respuestas a “Viajar y escribir (I): Un souvenir, una historia

  1. muebles AYC

    9 octubre, 2016 at 19:49

    Que bonita historia y cuantas veces nos encontramos con algo parecido y pasamos de largo.
    Que pena que andemos con prisas hasta en los viajes.

     
    • Editorial Chocolate

      9 octubre, 2016 at 22:40

      A veces las mejores historias las tenemos delante nuestro 😉 Un besazo Carmen!!

       
  2. laestaciondejorab

    2 noviembre, 2016 at 6:23

    Buenisimo 😀

     
  3. Victor

    3 noviembre, 2016 at 23:06

    Bonita historia la de máximus¡¡,

     

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