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Archivos Mensuales: marzo 2018

Tayra Velasco y Pilar Bravo, las enfermeras de #Historiasquenuncaescribimos

Historias que nunca escribimos

¡Martes y 13! Al principio no parecía una buena fecha para presentar de nuevo nuestro libro pero la verdad que, supersticiones a parte, pudimos de nuevo disfrutar de una gran jornada tan emotiva como enriquecedora gracias al Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, y a dos de sus enfermeras y coautoras de este “pequeño gran libro”: Tayra Velasco y Pilar Bravo.

Ambas representaron en esta ocasión a todos los profesionales del mundo de la enfermería que día a día tienen que lidiar con pacientes, familiares y por supuesto, con la vida y con la muerte. Hablamos de “ellas”, las enfermeras, esos seres maravillosos que vemos correr de una habitación a otra cambiando sueros, administrando pastillas, tomando la tensión, y velando por cada uno de sus pacientes de planta, animándoles con una sonrisa, con una palabra… casi pasando desapercibidas.

Y también hablamos de esas historias que se cuentan entre ellas…

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Publicado por en 14 marzo, 2018 en Uncategorized

 

#8Marzo #DiadelaMujer

CALLE DE LA LIBERTAD por FERNANDO MAS

( Un homenaje de uno de nuestros alumnos para el Dia de la Mujer)
​​​​​​​​​​
No sé si tú tienes la culpa de lo que eres o si el culpable es la sociedad que te formó. Pero, tanto si es de una forma o de otra, me has jodido la vida.

Ya no me acuerdo si alguna vez fui feliz. No ya junto a ti, que seguramente que no pues me casé forzada por unos padres que dominaron mi vida y mi destino hasta que te hiciste cargo de las mismas riendas y me condujiste por la misma senda de infelicidad y amargura.

No te perdonaré nunca que te tuviera que pedir dinero hasta para comprarme unas bragas porque las que tenía, a base de lavarlas, se me deshacían entre las manos.

Lloro de pena cuando recuerdo como me ordenabas mi manera de vestir e incluso tenía que volver a cambiarme cuando algo que me había puesto para salir no te gustaba.

Nunca te entendí, aunque lo intenté, el por qué te enfadabas cuando iba a ver a mi familia y estaba más rato de lo que creías conveniente. Ni lo entendí ni ya lo entenderé nunca.

Me dabas mucho asco, cuando volvías a casa con esa cara de salido y me hacías tuya sin recibir nada a cambio. Ni una caricia ni muestra de afecto. Algunas amigas me contaban que les gustaba que sus maridos se lo hicieran. Yo nunca tuve esa suerte.

¿Cuantas veces he hecho cosas que no me apetecían por no discutir?, madre mía, ¿Cuántas? ¿Por qué me controlabas el móvil?. Si sólo lo usaba para hablar con los niños.
Con nuestros hijos. ¿Con quien voy a hablar sino?.

¿Por qué nunca me has agradecido nada cuando he hecho algo por ti? ¿Es que siempre tenía obligación? Claro, según tú así era, como cuando te tenía que decir donde y cuando iba. Y hasta a qué horas.

Cuantas veces me he sentido mal, no ya porque estaba enferma, sino por el hecho de estarlo y por tu desprecio cuando me decías, ¿Ya estás otra vez con tus dolores?.

Durante toda la vida me has hecho sentir que era una mierda, que si no estuviera a tu lado yo no era nada, ni nadie. Cuantas veces me has hecho sentir transparente. Siempre he temido comentarte cosas porque sabía que después tendría que soportar reacciones desproporcionadas. ¡Que bien me enseñaste a callar, canalla!

Miedo tenía cuando un hombre, aún por casualidad, se dirigía a mí a preguntarme algo. Temía que nos vieses hablando y luego pasara lo de siempre. Voces, gritos y a veces algo más.
Nunca, nunca, nunca, he podido tomar una decisión importante. Nunca he podido conocer el sabor del éxito. Desconozco lo que se siente cuando haces algo bien y, quien se supone que te debería de querer, tiene un gesto agradable contigo. Te odio por eso.

Gracias a tu forma de ser y a como he estado sometida bajo tu yugo, ahora el nivel de autoestima es cero, sin embargo, de estrés, irritabilidad, inseguridad, ansiedad y depresión voy sobrada. Los sentimientos de vergüenza y culpa conviven a diario conmigo y las sensaciones de debilidad, impotencia e inutilidad, tienen un hueco permanente en mi almohada.

Por todo eso te odio. Te odio con toda mi alma. Pero sobre todo por haber educado a nuestro hijo con tus principios, con tus diarias lecciones y por haberle inculcado tu enfermiza manera de pensar y actuar.
Por eso te he matado, por eso he acabado contigo y porque nunca podría volver a mirar a mi hijo a la cara también voy a acabar con mi vida.

Si es que dios existe, que me perdone por lo que he hecho y por lo que voy a hacer, y si no existe… casi me quedo más tranquila pensando que no existe. ¡Te  odio!

 
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Publicado por en 8 marzo, 2018 en Uncategorized