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“Noche de Ronda” por María Jesús Colón

Si hay alguien que realmente fue feliz al escribir este libro es ella, nuestra escritora más costumbrista del grupo y “gata” a mucha honra: María Jesús Colon. 

Sabe cómo nadie los secretos del Madrid más castizo, meterse en tiempos pasados y bucear en sus calles para traernos a la memoria personajes tan emblemáticos y arraigados como los serenos. Sirva de ejemplo esta “Noche de Ronda” de un día cualquiera de principios del siglo pasado….

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“El ruido hueco de las palmadas sonó en el silencio de la noche y el tintineo de un manojo de llaves contestó a la llamada. Dionisio, ataviado con un viejo guardapolvos, la gorra y el chuzo, hacía sonar su enorme y pesada argolla de donde colgaban infinidad de llaves de varios tamaños que abrían los portales de las casas de Lavapiés, donde prestaba sus servicios como sereno.

Sacó el reloj de su bolsillo y comprobó la hora.

—Las 12:30. Es don Antonio, el médico— pensó para sí—. Debe haber terminado su turno.

—¡Buenas noches, don Antonio!
—¿Qué tal, Dionisio? Como verá, he olvidado otra vez las llaves; es que salgo muy deprisa por las mañanas.

—No se preocupe, para eso estoy yo. ¿Qué tal hoy la guardia?

—Muy pesada. Ha habido un accidente tremendo: un tranvía se ha salido de la vía al chocar contra un carro y menos mal que no ha volcado. Ha habido varios heridos, pero todos leves.

—¡Que descanse! —fue su despedida cerrando el portal.

El ruido de un taconeo se oyó a lo lejos. Dirigió la mirada hacia la acera de enfrente y divisó la silueta de Juana a la tenue luz de las farolas.

—Pobrecilla —pensó—, tan joven y dedicarse a ese trabajo tan duro de hacer la calle.

Se encaminó al número 5 esperándola. Como había visto hacer a su abuelo y a su padre, Dionisio entró primero en el portal por si había algo raro, encendió la luz, miró detrás de la puerta que abría, le dio las buenas noches y esperó que Juana empezara a subir para volver a cerrarlo.

Aquella pensión de la calle del Olivar parecía sacada de una novela de Galdós. Doce habitaciones que ocupaban practicamente todo un edificio casi en ruinas y sin ascensor. Manchas de humedad en las paredes y cristales rotos en unas ventanas donde apenas llegaba la luz y por donde se colaba el frío del invierno madrileño. Allí se hospedaba Juana y toda una colección de personajes igualmente galdosianos, incluyendo a Maruja, la patrona, que vestía batas muy largas para tratar de disimular que era coja, pero que no engañaba a nadie, ni siquiera a ella misma…”

Noche de ronda de Maria Jesús Colón

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Publicado por en 23 agosto, 2018 en Madriz

 

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